¿Están los estados financieros siendo distorsionados por la aplicación de la NIIF 16?

Por Gustavo González.

Hace pocos días leí un artículo acerca del impacto en la contabilidad del arrendatario de la aplicación de la Norma Internacional de Información Financiera número 16 (NIIF 16), norma que rige el reconocimiento de los arrendamientos y que sustituyó a partir de enero de 2019 a la Norma Internacional de Contabilidad número 17 (NIC 17).

En tal artículo se exponen algunas afirmaciones que me gustaría desglosar a lo largo de este trabajo, son las siguientes: 1. que la aplicación de la NIIF 16 ‘engorda’ los estados financieros de una entidad hasta desvirtuarlos, 2. que propicia un incremento en el indicador financiero de ‘Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación y Amortización’ (EBITDA, por sus siglas en inglés) debido a la desaparición de los gastos por arrendamiento en beneficio de los gastos por la amortización del derecho de uso reconocido por los arrendatarios y, finalmente, 3. que propicia la creación de una deuda que no existe por la inclusión de activos arrendados como si fueran propios.

¿Estados financieros cada vez más ‘gordos’?

Quisiera comenzar analizando el punto 1 y hacer una referencia al punto 3 por la estrecha relación que tienen.

En mi opinión no existe tal ‘engorde’ de los estados financieros de una entidad producto del reconocimiento del activo y pasivo por arrendamiento en la contabilidad del arrendatario; lo que sí existe es el reconocimiento en la contabilidad del arrendatario de un activo por derecho de uso y de un pasivo que representa el compromiso de pagar por la utilización de ese activo por un período determinado. Esta decisión se enmarca en lo que los contadores conocemos como el principio de esencia económica sobre forma legal y que el marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera (2018) honra al expresar que si la esencia económica y la forma legal de una operación no son las mismas ‘el suministro de información solo sobre la forma legal no representaría de forma fiel el fenómeno económico’ (párrafo 2.12).

Ahora bien, es cierto que el marco conceptual anterior (2010) ofrecía una definición más clara de este principio al expresar que ‘al evaluar si una partida cumple la definición de activo, pasivo o patrimonio, debe prestarse atención a las condiciones esenciales y a la realidad económica que subyacen en la misma, y no meramente a su forma legal’ (párrafo 4.6), sin embargo, ambos coinciden en que la forma legal por sí sola no definirá el reconocimiento de la operación.

En ese sentido, pienso que la NIIF 16 está alineada con el marco conceptual vigente al reconocer que la propiedad económica del activo arrendado es del arrendatario pues éste asume los riesgos y beneficios derivados del activo aun cuando la propiedad legal la tiene el arrendador. Visto de este modo, la aplicación de esta NIIF no desvirtúa los estados financieros de una entidad, por el contrario, reconoce la diferencia existente entre lo que definimos como propiedad económica y propiedad legal, diferencia que parece estar muy clara desde el punto de vista del arrendador y con la cual convivimos los contadores desde los primeros días de nuestras carreras universitarias hasta que, por azar de la vida, ésta decide que es tiempo de retirarnos del ejercicio de nuestra profesión, pero que es motivo de discusión no solo entre nosotros mismos, sino también entre nosotros y profesionales de otras áreas.

El cálculo del EBITDA ha sido afectado.

Por otra parte, se ha planteado que las modificaciones introducidas incrementan el indicador EBITDA, que es el punto número 2 según el orden establecido en la introducción de este artículo.

Este indicador se refiere a los Beneficios Antes de Impuestos, Depreciación y Amortización y permite evaluar el resultado de un proyecto antes de afectarlo por los gastos fiscales y financieros. Por lo general, el EBITDA se utiliza para analizar la rentabilidad de un negocio considerando únicamente sus actividades medulares, es decir, sin considerar aspectos financieros, ni tributarios; de modo que ofrece, entre otras cosas, una visión de la solvencia de la empresa de cara a atender el pago de sus deudas una vez restado sus gastos más importantes.

Ahora bien, visto de esta manera, podría argumentarse que excluir los gastos por concepto de arrendamiento del EBITDA, realmente, produce una distorsión del indicador, pues excluye un monto, posiblemente material, que debe ser considerado para atender gastos operativos, pero lo cierto es el análisis de los indicadores financieros no se realiza de forma individual, en realidad se evalúa un panorama mucho más general en el cual se consideran todos los aspectos que afectan la rentabilidad. Es más, con solo evaluar el EBITDA se está ignorando la existencia de otro indicador directamente relacionado con éste; el EBITDAR (Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación, Amortización y Alquileres), un indicador evaluado, especialmente, por empresas de turismo y aerolíneas, pero que algunos autores coinciden en que, tal como lo plantea Oriol Amat (2018) estos indicadores ‘pueden ser engañosos cuando se quiere evaluar la verdadera capacidad de generación de riqueza de la empresa’ (Análisis de Balances, claves paras elaborar un análisis de las cuentas anuales, p. 36).

¿Un pasivo inexistente?

Por otro lado, llegamos al punto 3 y es preciso  destacar que aun cuando la exclusión del gasto por arrendamiento ‘sobreestima’ el EBITDA es cierto que también afecta la capacidad de endeudamiento al reconocer el pasivo por concepto de alquiler, en este caso, el reconocimiento de ese pasivo está adaptado a la realidad económica, es decir, el arrendatario se ha comprometido, a través de un contrato de arrendamiento, a realizar una serie de pagos fijos o variables en el futuro y aun cuando el tiempo no ha transcurrido ya cuenta con el derecho de uso del activo por lo que tal operación cumple con la definición de pasivo expuesta en el marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera (2018); la obligación presente de transferir un recurso económico como resultado de sucesos pasados.

Finalmente, es preciso recordar que toda la información relacionada con el arrendamiento debe ser revelada en las notas a los estados financieros del arrendatario, por lo que cualquier análisis financiero que se realice estaría incompleto si se omite  la información en ellas contenida.

A manera de conclusión.

De modo que, en mi opinión, con la implementación de la NIIF 16 se regulariza el reconocimiento de recursos que, desde el punto de vista económico, son de la empresa y antes se encontraban fuera de balance y las críticas realizadas por los representantes de algunas entidades probablemente están enfocadas en analizar la operación desde un enfoque legal y no contable que no coincide con los principios generalmente aceptados de la profesión.

 

Imagen de cabecera tomada de: https://www.freeimages.com/photo/industrial-1311689

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