El lobo de la libre convertibilidad de la moneda.

Por Gustavo González.

La publicación del Convenio Cambiario N° 1 por parte del Banco Central de Venezuela y el Ministerio del Poder Popular para las Finanzas ha despertado gran cantidad de dudas para personas jurídicas y naturales debido a que desde febrero de 2003, en la República Bolivariana de Venezuela, las operaciones con moneda extranjera estaban reguladas de manera rigurosa por distintos entes del gobierno venezolano. Desde entonces, muchas modificaciones se han realizado a la normativa contable.

Este tema es de gran interés para cualquier persona o empresa debido a que con la flexibilización decretada por el Gobierno Nacional cada vez será mayor el número de operaciones que se realicen utilizando una moneda extranjera como forma de pago, de modo que los involucrados en las operaciones deben conocer no solo la legislación que sirve de marco para éstas, sino también la normativa que rige su contabilización para que las cifras contenidas en los estados financieros reflejen de manera fiel la situación financiera de la entidad.

Para introducir el tema se podría comenzar por el análisis del Convenio Cambiario N° 1 (CC 1) que formalmente reestablece la libre convertibilidad de la moneda en todo el territorio nacional (CC 1, artículo 1), lo que parece indicar que se han dejado sin efecto las restricciones anteriores que existían para las operaciones cambiarias, en otras palabras, que ha sido desmontado el control cambiario, no obstante, en la práctica aun existen ciertas restricciones que seguirán afectando las operaciones en moneda extranjera.

El Sistema de Mercado Cambiario, transparente pero…

En primer lugar, se da la creación del Sistema de Mercado Cambiario (SMC), que es el ente a través del cual se realizarán las operaciones de compra o venta de moneda extranjera que personas naturales o jurídicas deseen pactar. El SMC reportará al BCV el tipo de cambio de las operaciones tranzadas para que el BCV realice la publicación del tipo de cambio promedio.

Con respecto al funcionamiento del SMC existe una evidente contradicción cuando, el definir el proceso de pacto de las moneda extranjera, el CC 1 expone que este sistema operará de manera organizada y transparente, sin que los participantes conozcan las cotizaciones de oferta y demanda durante el proceso de cotización y cruce de las transacciones (CC1, artículo 11), no obstante, en el mismo intenta incentivar la participación de los oferentes y demandantes de moneda extranjera al permitir que éstos participen sin restricción alguna, siempre que su actuación esté enmarcada en las leyes venezolanas.

¿Todos pueden participar?

Por otra parte, impone restricciones para los sectores bancario, asegurador y del mercado de valores, quienes no podrán llevar a cabo operaciones de demandas de moneda extranjera a través del SMC, tales restricciones podrían ser levantadas por el Directorio del BCV cuando los directores lo consideren convenientes.

En el caso de las sociedades de corretaje de valores y casas de bolsa, éstas podrán negociar en moneda nacional títulos emitidos o por emitirse en moneda extranjera por cualquier ente privado, nacional o extranjero, siempre que éstos se coticen en mercados regulados y sean de oferta pública, para ello tales operaciones requieren la autorización de la Superintendencia Nacional de Valores (SUNAVAL) y las liquidaciones relacionadas con estas operaciones deberán ser realizadas en las cuentas en moneda extranjera que las entidades participantes tengan en el sistema financiero nacional. Para los fines antes descritos, las sociedades de corretajes de valores y las casas de bolsa asumirán la custodia provisional de las posiciones negociadas.

¿Cuánto y cómo?

Existen distintos tipos de operaciones en moneda extranjera. Para los fines de este artículo es suficiente referenciar las denominadas operaciones ‘al menudeo’ que son aquellas que no exceden los 8.500 euros o su equivalente en otra divisa por operación y que se pueden realizar a través de los operadores cambiarios autorizados mediante el uso de billetes, cheques de viajeros, cheques cifrados, transferencias, acreditaciones en cuenta o servicio de encomienda electrónica. El tratamiento para las operaciones ‘al menudeo’ es distinto al tratamiento dado a otros tipos de operaciones en moneda extranjera, como por ejemplo, las ya mencionadas operaciones con títulos emitidos por el sector privado, el sector público petrolero y no petrolero, el sector privado exportador, servicios turísticos, servicios de transporte, entre otros; esto se debe a que estos sectores tienen su propio marco regulatorio.

Las instituciones financieras regidas por el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Instituciones del Sector Bancario están autorizadas para realizar la apertura de cuentas en moneda extranjera de personas naturales mayores de edad residenciadas y personas jurídicas domiciliadas o no en el territorio nacional con la finalidad de recibir, transferir o mantener fondos en moneda extranjera de fuentes lícitas; estos fondos pueden provenir de fuentes en el exterior, fuentes del sistema financiero nacional o de depósitos en efectivo, con lo que deja abierta para los participantes la posibilidad de recibir transferencias internacionales.

Implicaciones contables.

Una vez introducido el Convenio cambiario N° 1 es posible abordar las implicaciones contables que se derivan de su aplicación.

Para cualquier contador las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC) y las Normas Internacionales de Información Financiera son nombres familiares, sin embargo, para alguien que no forma parte de la profesión el nombre puede resultar extraño. Las NIC-NIIF son las normas que sirven de marco y base para la construcción de la contabilidad de las entidades; cada actividad u operación está regulada por una norma que es evaluada, revisada y actualizada de manera constante por el Comité de Normas Internacionales de Contabilidad (IASC, por sus siglas en inglés).

Las operaciones en moneda extranjera están normadas principalmente por la Norma Internacional de Contabilidad N° 21 (NIC 21), Efecto de las Variaciones en las Tasas de Cambio de la Moneda Extranjera, que, aun cuando su nombre parece sugerir que recoge solo el tratamiento posterior de partidas ya existentes en moneda extranjera, introduce las definiciones necesarias para entender estas operaciones y orienta acerca del reconocimiento inicial de estas partidas.

De acuerdo a lo anterior, la NIC 21 incluye en su alcance que ella se aplicará a la contabilización de aquellas transacciones y saldos en moneda extranjera (párrafo 3, p. A1125), es decir, al reconocimiento de las operaciones de recepción o envío de fondos en moneda extranjera y al tratamiento de los saldos expuestos a la variación del tipo de cambio de la divisa en el cual estén expresados los activos o pasivos que los componen.

Es importante definir ‘las Monedas’.

Para entender no solo la visión del contador al respecto, sino también el contexto en el que se llevan a cabo estas operaciones hay que entender tres definiciones fundamentales y son aquellas que se refieren a las monedas: Moneda Funcional, Moneda Extranjera y Moneda de Presentación.

El análisis que requiere mayor dedicación es el relacionado con definir cuál es la moneda funcional de una entidad, para eso es preciso saber que ésta será la moneda del entorno en el cual opera la entidad, sin embargo, definir ese entorno algunas veces requiere de un análisis más exhaustivo que el de evaluar las circunstancias relacionadas con el territorio geográfico en el que se desarrolla esa entidad. En ese sentido, la NIC 21 ofrece una serie de factores a considerar para determinar la moneda funcional, están expuestos a continuación:

  1. La moneda de referencia para determinar los precios de bienes y servicios. En este caso es preciso destacar que la norma específica que es la moneda que influya o en la cual se denominen y liquiden los precios de los bienes y servicios, no obstante, la legislación venezolana obliga a denominar los precios de los bienes o servicios en Bolívares o Petros de modo que sería incorrecto sugerir que los precios de los bienes o servicios se pueden liquidar en alguna otra moneda, pero no es menos cierto que cada vez más entidades toman como referencia alguna divisa, especialmente el Dólar Americano (USD), para determinarlos.
  2. La moneda del país cuyas fuerzas competitivas y regulaciones determinen fundamentalmente los precios de venta de sus bienes y servicios (NIC 21, p. A1127). Este factor complica la elección de la moneda funcional en un entorno como el venezolano, debido a que, aun cuando los factores financieros podrían sugerir que la moneda funcional podría incluso ser el USD, el marco legal de la República Bolivariana de Venezuela es inflexible con respecto a la moneda en que se denominarán los precios de los bienes y servicios incluso permitiendo su liquidación en divisas en el marco del CC1.
  3. La moneda que influya o en la que se denominen o liquiden los costos de mano de obra y materiales. Este, tal vez, sea el factor más difícil de evaluar debido a que en la actualidad, y cada vez con mayor frecuencia, las remuneraciones a los empleados y el pago de los materiales se realizan en divisas o con base en la cotización de las divisas, de modo que este factor tendrá que ser analizado con mayor profundidad en la determinación de la moneda funcional.

Como se puede apreciar, dos de los tres factores sugieren que, en el caso venezolano, la moneda funcional podría ser el USD, no obstante, las regulaciones referidas en el segundo punto son tan importantes que este factor podría imponerse a los otros dos para definir el Bolívar como moneda funcional. Aun así, existen otros factores que en menor grado podrían aportar información para la determinación de la moneda funcional, como lo son la moneda en que se negocian las actividades de financiación y la moneda en que se cobran las actividades de operación, tal información podría ser de utilidad en el caso de que después de analizados los tres factores principales existieran dudas acerca de la moneda funcional.

Una vez determinada la moneda funcional determinar la moneda extrajera resulta muy sencillo debido a que ésta es definida como cualquier moneda distinta a la moneda funcional. Y, finalmente, la moneda de presentación es aquella en la que se presentan los estados financieros de la entidad por lo que su determinación corresponde a la gerencia.

Reconocimiento Inicial.

Una partida en moneda extranjera es aquella que se denomina o será liquidada en una moneda diferente a la funcional, puede tratarse de la compra o venta de bienes o servicios, la concesión o recepción de préstamos y asunción o liquidación de pasivos.

Ahora bien, inicialmente una partida en moneda extranjera se reconocerá en la fecha de la transacción y será registrada en moneda funcional aplicando a la moneda extranjera la tasa de cambio de contado que exista entre ambas monedas. Este es un punto en el que se genera una inconveniente confusión debido a que muchos profesionales de áreas distintas a la de la contabilidad o administración suponen que la valoración de un activo no monetario (por ejemplo, un activo del rubro de propiedades, planta y equipos) adquirido en moneda extranjera está atada a la valoración de la moneda extranjera, visto de este modo la porción del patrimonio asociada a este activo variaría en la misma proporción en que varíe el tipo de cambio entre la moneda funcional y la moneda extranjera, tal tratamiento es incorrecto y el porqué de esta afirmación será abordado más adelante.

Ahora bien, la tasa de cambio utilizada para el reconocimiento de la operación será la tasa de cambio de contado en la fecha de la operación, sin embargo, podría utilizarse una tasa de cambio promedio semanal o mensual para reconocer las operaciones que se lleven a cabo durante el período promediado siempre que ésta no varíe significativamente.

Tratamiento posterior.

Una vez abordado el reconocimiento inicial de las operaciones en moneda extranjera que dieron origen a partidas en moneda extranjera en la contabilidad de la entidad es posible abordar el tratamiento posterior al reconocimiento inicial de estas partidas.

Al cierre de cada ejercicio económico se deberán convertir las partidas en moneda extranjera a moneda funcional de la siguiente manera:

  • Las partidas monetarias (aquellas por las cuales se recibirá o pagará una cantidad fija o determinable de unidades monetarias, como, por ejemplo, el efectivo o cuentas por cobrar o por pagar) serán convertidas aplicando a la moneda extranjera la tasa de cambio al cierre del ejercicio. En este caso podría producirse una ganancia o pérdida en cambio si el tipo de cambio al cierre del ejercicio económico es distinto del tipo de cambio en la fecha del reconocimiento inicial, si así fuera esa ganancia o pérdida sería reconocida en el Estado de Resultados del período.
  • Las partidas no monetarias en moneda extranjera que se midan a costo histórico (base de medición en la que los activos están registrados según el importe en efectivo u otras partidas pagadas o por el valor razonable de los activos no monetarios entregados en la adquisición y los pasivos se registran por el valor de los productos recibidos en el momento de su asunción) se convertirán aplicando a la moneda extranjera la tasa de cambio del momento en que se realizó la operación. Esta es la razón por la cual es incorrecto que un activo no monetario adquirido en moneda extranjera sea valorado según la valoración de la moneda extranjera que le dio origen. En este caso no existirá ganancia o pérdida alguna por la variación de la tasa de cambio.
  • Las partidas no monetarias en moneda extranjera que se midan a valor razonable (el precio pagado o recibido por la compra o venta de un activo o el importe pagado por la extinción de un pasivo en una fecha determinada y sobre el que los participantes están debidamente informados) se convertirán aplicando a la moneda extranjera la tasa de cambio de la fecha en que se midió el valor razonable. En este caso la diferencia cambiaria daría origen a una ganancia o pérdida no realizada que se reconocerá en Otro Resultado Integral. Un claro ejemplo de este tipo de partidas son aquellos casos en los que existe una revaluación de un activo de propiedades, plantas y equipo, situación que, por lo general, requiere la participación de un perito independiente y calificado que informará acerca del valor atribuible al activo afectado o a la clase de activos afectados.

La facturación de las operaciones en moneda extranjera.

Para abordar la emisión de facturas correspondientes a operaciones en moneda extranjera es preciso acudir a la Providencia 0071 emitida por el Servicio Nacional de Integrado de Administración Tributaria (SENIAT) publicada en la gaceta oficial N° 39.795 de fecha 08/11/2011. Esta providencia establece los requisitos que deben cumplir las facturas y demás documentos relacionados con la comercialización de bienes o servicios.

Las facturas correspondientes a operaciones en cobradas en moneda extranjera deben contener el equivalente a la cantidad en moneda nacional (según lo analizado anteriormente la moneda funcional de una entidad domiciliada en la República Bolivariana de Venezuela debe ser el Bolívar), el tipo de cambio aplicable y el monto correspondiente al Impuesto al Valor Agregado. Esta información será presentada en la factura y su forma de presentación dependerá de qué tipo de formato se maneje.

A manera de conclusión…

Es evidente que para las personas naturales y jurídicas residenciadas o domiciliadas en la República Bolivariana de Venezuela el Convenio Cambiario N°1 supone un escenario menos regulado que el anterior, pero que podría 1) dar pie a gran cantidad de confusiones acerca del tratamiento contable de las operaciones en moneda extranjera y 2) obligar a realizar minuciosos análisis para determinar el entorno económico de la entidad con el fin de determinar la moneda funcional.

No se ha abordado la conversión de estados financieros, las implicaciones tributarias o el cambio de moneda funcional por ser temas mucho más álgidos que pueden, incluso, ser un capítulo de un libro dedicado a la contabilidad de este tipo de operaciones.

Con la puesta en vigencia del Convenio Cambiario N° 1 se ha abierto un camino poco conocido para aquellos que se limitaron a estudiar solamente la realidad venezolana. Urge que los contadores, administradores y cualquier profesional que se desenvuelva en un área relacionada se actualicen en el tema de las operaciones realizadas en moneda extranjera y que se internalice la necesidad de conocer el marco legal y contable para mitigar el riesgo de incurrir en errores u omisiones que podrían dar como resultados multas o penas mayores y de que los estados financieros no reflejen de manera fiel la realidad económica de la entidad.

Fotografía de Cabecera: https://www.pexels.com/photo/background-bank-banking-banknote-262558/

Foto 1: https://www.pexels.com/photo/silver-and-gold-coins-128867/

Foto 2: https://www.pexels.com/photo/white-graphing-paper-164686/

¿Están los estados financieros siendo distorsionados por la aplicación de la NIIF 16?

Por Gustavo González.

Hace pocos días leí un artículo acerca del impacto en la contabilidad del arrendatario de la aplicación de la Norma Internacional de Información Financiera número 16 (NIIF 16), norma que rige el reconocimiento de los arrendamientos y que sustituyó a partir de enero de 2019 a la Norma Internacional de Contabilidad número 17 (NIC 17).

En tal artículo se exponen algunas afirmaciones que me gustaría desglosar a lo largo de este trabajo, son las siguientes: 1. que la aplicación de la NIIF 16 ‘engorda’ los estados financieros de una entidad hasta desvirtuarlos, 2. que propicia un incremento en el indicador financiero de ‘Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación y Amortización’ (EBITDA, por sus siglas en inglés) debido a la desaparición de los gastos por arrendamiento en beneficio de los gastos por la amortización del derecho de uso reconocido por los arrendatarios y, finalmente, 3. que propicia la creación de una deuda que no existe por la inclusión de activos arrendados como si fueran propios.

¿Estados financieros cada vez más ‘gordos’?

Quisiera comenzar analizando el punto 1 y hacer una referencia al punto 3 por la estrecha relación que tienen.

En mi opinión no existe tal ‘engorde’ de los estados financieros de una entidad producto del reconocimiento del activo y pasivo por arrendamiento en la contabilidad del arrendatario; lo que sí existe es el reconocimiento en la contabilidad del arrendatario de un activo por derecho de uso y de un pasivo que representa el compromiso de pagar por la utilización de ese activo por un período determinado. Esta decisión se enmarca en lo que los contadores conocemos como el principio de esencia económica sobre forma legal y que el marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera (2018) honra al expresar que si la esencia económica y la forma legal de una operación no son las mismas ‘el suministro de información solo sobre la forma legal no representaría de forma fiel el fenómeno económico’ (párrafo 2.12).

Ahora bien, es cierto que el marco conceptual anterior (2010) ofrecía una definición más clara de este principio al expresar que ‘al evaluar si una partida cumple la definición de activo, pasivo o patrimonio, debe prestarse atención a las condiciones esenciales y a la realidad económica que subyacen en la misma, y no meramente a su forma legal’ (párrafo 4.6), sin embargo, ambos coinciden en que la forma legal por sí sola no definirá el reconocimiento de la operación.

En ese sentido, pienso que la NIIF 16 está alineada con el marco conceptual vigente al reconocer que la propiedad económica del activo arrendado es del arrendatario pues éste asume los riesgos y beneficios derivados del activo aun cuando la propiedad legal la tiene el arrendador. Visto de este modo, la aplicación de esta NIIF no desvirtúa los estados financieros de una entidad, por el contrario, reconoce la diferencia existente entre lo que definimos como propiedad económica y propiedad legal, diferencia que parece estar muy clara desde el punto de vista del arrendador y con la cual convivimos los contadores desde los primeros días de nuestras carreras universitarias hasta que, por azar de la vida, ésta decide que es tiempo de retirarnos del ejercicio de nuestra profesión, pero que es motivo de discusión no solo entre nosotros mismos, sino también entre nosotros y profesionales de otras áreas.

El cálculo del EBITDA ha sido afectado.

Por otra parte, se ha planteado que las modificaciones introducidas incrementan el indicador EBITDA, que es el punto número 2 según el orden establecido en la introducción de este artículo.

Este indicador se refiere a los Beneficios Antes de Impuestos, Depreciación y Amortización y permite evaluar el resultado de un proyecto antes de afectarlo por los gastos fiscales y financieros. Por lo general, el EBITDA se utiliza para analizar la rentabilidad de un negocio considerando únicamente sus actividades medulares, es decir, sin considerar aspectos financieros, ni tributarios; de modo que ofrece, entre otras cosas, una visión de la solvencia de la empresa de cara a atender el pago de sus deudas una vez restado sus gastos más importantes.

Ahora bien, visto de esta manera, podría argumentarse que excluir los gastos por concepto de arrendamiento del EBITDA, realmente, produce una distorsión del indicador, pues excluye un monto, posiblemente material, que debe ser considerado para atender gastos operativos, pero lo cierto es el análisis de los indicadores financieros no se realiza de forma individual, en realidad se evalúa un panorama mucho más general en el cual se consideran todos los aspectos que afectan la rentabilidad. Es más, con solo evaluar el EBITDA se está ignorando la existencia de otro indicador directamente relacionado con éste; el EBITDAR (Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación, Amortización y Alquileres), un indicador evaluado, especialmente, por empresas de turismo y aerolíneas, pero que algunos autores coinciden en que, tal como lo plantea Oriol Amat (2018) estos indicadores ‘pueden ser engañosos cuando se quiere evaluar la verdadera capacidad de generación de riqueza de la empresa’ (Análisis de Balances, claves paras elaborar un análisis de las cuentas anuales, p. 36).

¿Un pasivo inexistente?

Por otro lado, llegamos al punto 3 y es preciso  destacar que aun cuando la exclusión del gasto por arrendamiento ‘sobreestima’ el EBITDA es cierto que también afecta la capacidad de endeudamiento al reconocer el pasivo por concepto de alquiler, en este caso, el reconocimiento de ese pasivo está adaptado a la realidad económica, es decir, el arrendatario se ha comprometido, a través de un contrato de arrendamiento, a realizar una serie de pagos fijos o variables en el futuro y aun cuando el tiempo no ha transcurrido ya cuenta con el derecho de uso del activo por lo que tal operación cumple con la definición de pasivo expuesta en el marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera (2018); la obligación presente de transferir un recurso económico como resultado de sucesos pasados.

Finalmente, es preciso recordar que toda la información relacionada con el arrendamiento debe ser revelada en las notas a los estados financieros del arrendatario, por lo que cualquier análisis financiero que se realice estaría incompleto si se omite  la información en ellas contenida.

A manera de conclusión.

De modo que, en mi opinión, con la implementación de la NIIF 16 se regulariza el reconocimiento de recursos que, desde el punto de vista económico, son de la empresa y antes se encontraban fuera de balance y las críticas realizadas por los representantes de algunas entidades probablemente están enfocadas en analizar la operación desde un enfoque legal y no contable que no coincide con los principios generalmente aceptados de la profesión.

 

Imagen de cabecera tomada de: https://www.freeimages.com/photo/industrial-1311689

“El poder de una conversación” TEDx Talk.

Como verán, soy un fiel seguidor de las ponencias presentadas en los eventos de TED Talks. Esta vez comparto con ustedes una extraordinaria charla acerca de la importancia de una conversación, fue expuesta por Alvaro González-Alorda en el año 2013. ¡Disfruten!

Blog de WordPress.com.

Subir ↑